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Francisco pide a los Gendarmes del Vaticano que lo defiendan de la cizaña de las habladurías
2013-09-28 Radio Vaticana
Las habladurías son una
lengua prohibida en el Vaticano, porque es una lenga
que genera el mal. Lo afirmó el Papa Francisco en la homilía de
la Misa que celebró esta mañana junto al Cuerpo de la
Gendarmería Vaticana, en los alrededores de la Gruta de Lourdes
de los Jardines Vaticanos.
En la roca del Vaticano, el mal tiene un pasaje a través del
cual se insinúa para esparcir su veneno: es la
habladuría, esa que lleva a uno a hablar mal del
otro y destruye la unidad. Y del contagio de esta
cizaña nadie es inmune. Ante los hombres de la
Gendarmería Vaticana , el Papa Francisco hizo una reflexión
justa pero quizá no descontada sobre el papel del gendarme
defensor de la seguridad del Vaticano, para enfocar otro
adversario mucho más solapado que la delincuencia común y
contra el cual es fundamental emprender la lucha:
Alguno de ustedes podrá decirme: Pero, padre,
¿nosotros qué tenemos que ver aquí con el diablo? Nosotros
debemos defender la seguridad de este Estado, de esta ciudad: que
no haya ladrones, que no haya delincuentes, que no vengan los
enemigos a tomar la ciudad. También esto es verdad, pero
¿Napoleón no volverá más, eh? Se fue. Y no es fácil que
venga un ejército aquí a tomar la ciudad. La guerra hoy, al
menos aquí, se hace de otro modo: es la guerra de la oscuridad
contra la luz; de la noche contra el día.
Por esto, prosiguió Francisco, les pido no sólo que
defiendan las puertas, las ventanas del Vaticano por
otra parte un trabajo necesario e importante sino que
defiendan como su patrono San Miguel las puertas del
corazón de quien trabaja en el Vaticano, donde la tentación
entra exactamente como en cualquier otro lugar:
Pero hay una tentación... Pero yo querría decirla
la digo así para todos, también para mí, para todos
pero hay una tentación que al diablo le gusta tanto:
aquella contra la unidad, cuando las insidias van precisamente
contra la unidad de aquellos que viven y trabajan en el Vaticano.
Y el diablo trata de crear la guerra interna,
una especie de guerra civil y espiritual, ¿no?
Es una guerra que no se hace con las armas que nosotros conocemos:
se hace con la lengua.
Una lengua armada, precisamente, por las habladurías,
especie de veneno del que el Papa pone constantemente en guardia.
Y esto es lo que les pido a ustedes, dijo
dirigiéndose a los gendarmes, que nos defiendan mutuamente
de las habladurías:
Pidamos a San Miguel que nos ayude en esta guerra:
jamás hablar mal uno del otro, jamás abrir los oídos a las
habladurías. Y si yo oigo que alguien habla, ¡detenerlo!
¡Aquí no se puede: vete por la puerta de Santa Ana, ve
afuera y habla allá! ¡Aquí no se puede!... es esto, ¡eh!
La buena simiente sí: ¡hablar bien uno del otro sí, pero la
cizaña no!.
(María Fernanda Bernasconi RV).